Mi abuela tenía una habilidad casi mágica para convertir ingredientes sencillos en pequeños manjares. Estos helados de naranja eran su especialidad en los veranos largos: frescos, cremosos y con un aroma que llenaba la cocina antes incluso de probarlos. No había nieto que no se relamiera.
Ingredientes
- 4–5 naranjas grandes y bien jugosas
- 1 limón (solo el zumo)
- 200 ml de nata para montar
- 150 g de azúcar
- 1 cucharadita de ralladura de naranja (opcional, pero muy "de abuela")
- Moldes para helados o vasitos pequeños
Preparación
1. Exprimir con cariño
Mi abuela siempre decía que el secreto estaba en "exprimir sin prisas".
- Saca el zumo de las naranjas y del limón.
- Cuélalo si quieres un helado más suave.
2. Endulzar como antes
- Mezcla el zumo con el azúcar hasta que se disuelva por completo.
- Añade la ralladura de naranja si quieres ese toque más aromático que ella usaba cuando las naranjas estaban especialmente buenas.
3. La clave de la cremosidad
- Monta ligeramente la nata, solo hasta que espese un poco.
- Incorpórala al zumo con movimientos envolventes.
Esto era lo que hacía que los helados de mi abuela no quedaran duros como hielo.
4. A los moldes
- Vierte la mezcla en los moldes o vasitos.
- Si usas palitos, congélalos 1 hora primero y luego coloca el palito para que quede centrado.
5. Congelar y esperar
- Déjalos al menos 5 horas en el congelador.
- Mi abuela siempre hacía el doble "por si acaso".
Truco de abuela: Si las naranjas no estaban muy dulces, añadía una cucharada de miel.
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